Oni Chichi 2: Harvest
Haruka Makino cerró la puerta de la habitación principal con el corazón latiéndole con fuerza. Sabía exactamente lo que su padre, Kenichi, deseaba desde hacía semanas. Lo había visto en sus miradas furtivas hacia sus hermanas menores, en cómo sus manos se demoraban demasiado cerca de ellas. No podía permitirlo. Si alguien tenía que detener esa hambre insaciable, sería ella.
—Padre… —susurró al entrar, la luz tenue de la lámpara apenas iluminando su cuerpo esbelto cubierto solo por una fina bata blanca que se deslizaba por sus hombros.
Kenichi levantó la vista desde la cama, sus ojos oscuros brillando con un deseo crudo que ya no ocultaba. Haruka tragó saliva, pero avanzó con determinación. Se sentó a su lado y tomó su mano, guiándola lentamente hacia su propio pecho. La tela se abrió, dejando que los dedos callosos de su padre rozaran la piel suave y caliente de sus senos. Sintió cómo sus pezones se endurecían al instante bajo el tacto firme.
—No toques a las pequeñas —murmuró ella, inclinándose para besar su cuello—. Yo… yo te daré todo lo que necesites. Solo a mí.
Este es el orden de la serie completa:




📄 Información del Contenido:
📌 Título: Oni Chichi 2: Harvest
✍️ Título alternativo: 鬼父2 -harvest-
🎓 Estudio: PoRO
📅 Estreno: 30 de enero 2015
🏷️ Categoría: Hentai
🚫 Censura: Sí
💬 Subtítulos: Español
⏳ Duración: 30 minutos
💾 Tamaño: 357 mbs
📁 Formato: MP4
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
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Kenichi no respondió con palabras. Sus manos grandes se cerraron alrededor de sus senos, apretando con fuerza mientras su boca descendía para chupar uno de los pezones rosados con avidez. Haruka gimió bajito, arqueando la espalda. El calor entre sus piernas crecía rápidamente. Ella misma abrió la bata por completo, exponiendo su cuerpo desnudo, y guió la mano de su padre hacia abajo, entre sus muslos. Sus dedos gruesos separaron los labios húmedos de su intimidad y comenzaron a frotar con movimientos circulares, presionando justo donde más sensible estaba.
—Así… más adentro —jadeó Haruka, abriendo más las piernas.
Dos dedos entraron en ella con facilidad, moviéndose rítmicamente mientras el pulgar seguía estimulando el punto hinchado de arriba. Su cuerpo se sacudía con cada embestida de esos dedos. Kenichi la empujó suavemente hacia atrás hasta que quedó acostada, y se colocó entre sus piernas abiertas. Haruka sintió la cabeza gruesa y caliente de su miembro rozando su entrada empapada. Con un gemido largo, él empujó hacia adelante, penetrándola lentamente hasta llenarla por completo.
El ritmo empezó suave, pero pronto se volvió más intenso. Haruka rodeó la cintura de su padre con las piernas, clavando los talones en su espalda mientras él entraba y salía de ella con fuerza creciente. Cada embestida profunda hacía que sus senos rebotaran y que un sonido húmedo y obsceno llenara la habitación. Ella sentía cómo su interior se contraía alrededor de esa dureza que la estiraba deliciosamente.
—Más fuerte… no pares —suplicó, las uñas arañando la espalda de Kenichi.
Él obedeció, sujetándola por las caderas y penetrándola con golpes rápidos y profundos. El placer se acumulaba en oleadas dentro de Haruka. Su respiración se volvió entrecortada, los gemidos más altos. Kenichi se inclinó, mordiendo suavemente uno de sus senos mientras seguía moviéndose sin descanso. El sudor hacía que sus cuerpos se deslizaran uno contra el otro.
De pronto, Haruka sintió que el orgasmo la invadía. Su interior se apretó con fuerza alrededor del miembro de su padre, temblando violentamente mientras un chorro caliente de placer la recorría. Gritó su nombre, el cuerpo arqueado en éxtasis.
Kenichi no duró mucho más. Con un gruñido ronco, empujó hasta el fondo y se derramó dentro de ella, llenándola con pulsos calientes y abundantes de su semilla.
Se quedaron un momento unidos, respirando agitados. Haruka pensó que con esto bastaría, que su padre se conformaría con ella y dejaría en paz a sus hermanas.
Pero al día siguiente, cuando bajó a la cocina, sus dos hermanas menores la miraron con ojos entrecerrados y celosos.
—Haruka-nee… ¿por qué pasaste toda la noche con papá? —preguntó la más pequeña, cruzándose de brazos—. No es justo que quieras quedártelo solo para ti.
La otra hermana sonrió con malicia.
—Nosotras también queremos… si tú puedes, nosotras también.
Haruka sintió un escalofrío. Su “sacrificio” no había detenido nada. Al contrario, había despertado algo en ellas. Y esa noche, cuando Kenichi volvió a llamarla a su habitación, escuchó pasos suaves detrás de ella en el pasillo.




