Neteru aida Karada wo Jiyuu ni Tsukawasetekureru Kurasumeito no Morita-san
La historia se centra en un estudiante de secundaria común que comparte clases con Morita-san, una compañera de apariencia dulce, cabello largo y cuerpo delicado que irradia inocencia. Un día, durante una conversación casual, ella menciona en tono juguetón que duerme tan profundamente que nada ni nadie logra despertarla una vez que cae rendida. Esa frase queda grabada en la mente del protagonista, despertando una curiosidad prohibida que pronto se transforma en deseo incontrolable.
La oportunidad llega cuando, por circunstancias fortuitas —quizá una tormenta o un problema en su hogar—, Morita-san termina pasando la noche en la habitación de él. Se acuesta en la misma cama, vestida con su uniforme escolar, y cae en un sueño profundo casi de inmediato. El joven, con el corazón latiendo fuerte, observa su figura relajada: la blusa ligeramente abierta revelando la curva suave de su pecho, la falda subida un poco por el movimiento, exponiendo la piel tersa de sus muslos.
Conteniendo el aliento, extiende una mano temblorosa y roza con los dedos la tela sobre sus senos, sintiendo la calidez y la firmeza debajo. Ella no se mueve; solo respira pausadamente. Animado, desliza la mano por dentro de la blusa, acariciando directamente la piel suave, pellizcando con delicadeza los pezones que se endurecen al contacto. El silencio de la habitación amplifica cada sensación: el roce de la tela, el leve gemido inconsciente que escapa de sus labios entreabiertos.
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📄 Información del Contenido:
📌 Título: Neteru aida Karada wo Jiyuu ni Tsukawasetekureru Kurasumeito no Morita-san
✍️ Título en inglés: MORITA-SAN, MY CLASSMATE, WHO LETS MY BODY MOVE FREELY WHILE I SLEEP…
🎓 Autor: Taniguchi Daisuke
👪 Grupo: Surumenium
🏷️ Categoría: Doujinshi
🚫 Censura: Sí
💬 Idioma: Inglés
⏳ Páginas: 35
💾 Tamaño: 22 mbs
📁 Formato: jpg
🎨 Color: Blanco y negro
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
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Baja más, levanta la falda con cuidado y aparta la ropa interior, exponiendo su intimidad rosada y húmeda. Se inclina para besar y lamer con la lengua los contornos sensibles, saboreando la humedad que brota naturalmente mientras ella permanece inmóvil. El aroma y el calor lo enloquecen; frota su miembro endurecido contra la entrada, sintiendo cómo se desliza con facilidad gracias a la excitación involuntaria de su cuerpo.
Despacio, la penetra, entrando centímetro a centímetro en su interior cálido y estrecho que lo envuelve por completo. Comienza con embestidas lentas y profundas, disfrutando la fricción perfecta mientras sostiene sus caderas. Cambia la posición colocándola de lado, pegando su pecho a la espalda de ella, levantando una de sus piernas para acceder mejor y profundizar los movimientos rítmicos. Cada avance provoca que su vagina se contraiga ligeramente alrededor de él, aumentando el placer.
La excitación crece hasta volverse insoportable; acelera el ritmo, penetrándola con fuerza contenida mientras besa su cuello y acaricia sus pechos. En el clímax, se libera dentro de ella, inundándola con chorros calientes de semen que se desbordan un poco por los costados. Exhaustos, se quedan abrazados, con ella aún dormida y él jadeante, saboreando la culpa mezclada con éxtasis.
Al amanecer, Morita-san despierta sonriente, estirándose como si hubiera tenido la mejor noche de descanso, sin rastro de lo ocurrido. Agradece la hospitalidad y se marcha con su habitual dulzura. Pero para él, esa noche marca el inicio de una rutina secreta. Cada vez que surge la excusa —estudio grupal que se extiende, lluvia repentina—, ella se queda a dormir. Las sesiones se vuelven más audaces: la acaricia mientras finge leer un libro a su lado, la penetra en ángulos variados explorando su cuerpo desde diferentes perspectivas, siempre mientras duerme plácidamente. A veces la coloca boca arriba con las piernas abiertas para embestir con intensidad, otras la abraza por detrás frotándose y penetrando con movimientos circulares. El contraste entre su apariencia tierna e inocente y la libertad total para usar su cuerpo crea un erotismo adictivo, donde el deseo se renueva cada encuentro, convirtiendo lo prohibido en una fuente interminable de placer intenso y secreto.




