¡No Ofrecemos Ese Tipo De Servicios!
El letrero rosa neón parpadeaba con timidez en la calle desierta. Eran las dos de la mañana y mis hombros crujían después de otra noche acompañando a los jefes hasta el último trago. Solo quería que alguien me quitara el peso del día. Empujé la puerta y un aroma dulce a aceite de almendras me envolvió.
Ella apareció descalza, con un camisón de seda negra tan corto que apenas cubría la mitad de sus muslos. El escote se hundía generosamente, dejando ver la curva pesada y suave de sus pechos que se movían con cada paso. Su sonrisa era lenta, peligrosa.
—Bienvenido. ¿Masaje completo?
Asentí sin voz. Me tumbó boca abajo en la camilla y el calor de sus manos empezó a deslizarse por mi espalda. Aceite tibio, dedos firmes que bajaban demasiado despacio, rozando los costados, rozando más abajo de lo estrictamente necesario. Sentí cómo mi cuerpo respondía antes de que mi cabeza pudiera protestar: la sangre se acumulaba, mi miembro se endurecía contra la toalla, palpitante, imposible de disimular.
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📄 Información del Contenido:
📌 Título: Toutende wa Sono You na Service wa Okonatte Orimasen node,
✍️ Título alternativo en español: ¡No Ofrecemos Ese Tipo De Servicios!
🎓 Autor: Kawaisaw
🎓 Grupo: Puppukupu
🏷️ Categoría: Doujinshi
🚫 Censura: Sí
💬 Idioma: Español
⏳ Páginas: 23
💾 Tamaño: 27 mbs
📁 Formato: jpg
🎨 Color: Blanco y negro, algunas a color
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
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—Tranquilo, solo estoy aflojando la tensión —susurró junto a mi oído, su aliento cálido.
Se subió encima de mí, a horcajadas. El camisón se levantó y noté la piel desnuda de sus muslos apretando mis costados. Sus caderas se mecían mientras “masajeaba” mi cintura, pero cada movimiento era una caricia deliberada que hacía rozar su calor contra mi erección atrapada. Gemí sin querer.
Ella soltó una risita baja y giró mi cuerpo. La toalla cayó. Mi miembro saltó libre, hinchado, la punta brillante de anticipación. Sus ojos se oscurecieron de deseo. Sin pedir permiso, sus dedos lo rodearon, suaves pero seguros, deslizándose arriba y abajo con una lentitud tortuosa. La otra mano se coló entre sus propias piernas; la vi morderse el labio mientras se tocaba, sus caderas ondulando al ritmo de sus caricias.
—No ofrecemos ese tipo de servicios… —susurró, pero ya se estaba inclinando.
Su boca cálida me envolvió entero, lengua girando, succionando con avidez mientras sus pechos se aplastaban contra mis muslos. Subía y bajaba, cada vez más profundo, hasta que sentí el fondo de su garganta. Mis manos se enredaron en su cabello, guiándola, perdiendo el control.
Se incorporó jadeando, se quitó el camisón de un solo tirón y se sentó sobre mí. Sus pliegues húmedos rozaron mi longitud una, dos veces, hasta que de un solo movimiento descendió y me hundí dentro de ella hasta la base. Estaba ardiendo, apretada, resbaladiza. Empezó a moverse, arriba y abajo, sus pechos rebotando con cada embestida, sus uñas clavándose en mi pecho.
Grité su nombre sin saberlo, empujé hacia arriba encontrándola en cada golpe. El placer era cegador. Ella aceleró, sus gemidos cada vez más agudos, su interior contrayéndose alrededor de mí como si quisiera exprimirme. Cuando llegó al clímax, todo su cuerpo tembló y apretó tan fuerte que no pude aguantar más: me vacié dentro de ella en oleadas interminables, llenándola mientras ella seguía moviéndose, ordeñándome hasta la última gota.
Después se quedó tendida sobre mí, sudorosa, respirando contra mi cuello.
—Esto… no entra en el menú —dijo con una sonrisa traviesa.
Sonreí agotado, pero por primera vez en meses, completamente relajado.




