Oni Chichi
En Oni Chichi Marina y Airi acababan de mudarse a la gran casa nueva junto al hombre que ahora era el esposo de su madre. La vida familiar empezaba de cero.
Marina, con su carácter dulce y abierto, sonreía siempre que lo veía. Lo trataba con cariño natural, como si de verdad fuera el padre que nunca tuvo. Le preparaba café por las mañanas, conversaba con él sobre su día y lo abrazaba sin pensarlo dos veces. “Bienvenido a casa, papá”, decía con voz suave, y sus mejillas se sonrojaban ligeramente cuando él le devolvía la sonrisa.
Airi, en cambio, era todo lo contrario. La chica más popular del colegio, siempre rodeada de amigos, impulsiva y rebelde. Hablaba de sí misma en tercera persona y respondía con desprecio a cualquier intento de acercamiento. “Airi no necesita un nuevo papá. Airi hace lo que quiere”, repetía con tono altanero, cruzando los brazos y apartando la mirada cada vez que él entraba en la habitación.
Una tarde, después de que su madre saliera de viaje por trabajo, la tensión llegó al límite. Airi había llegado tarde otra vez, ignorando las llamadas y las reglas de la casa. El hombre la esperó en la sala, sentado en el sofá con expresión seria.
—Ven aquí —ordenó con voz grave.
Airi bufó, pero algo en su tono la hizo obedecer a regañadientes. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, él la tomó por la muñeca y la atrajo hacia sí con firmeza. La sentó sobre sus piernas sin pedir permiso. Airi intentó levantarse, pero las manos fuertes del hombre la sujetaron por la cintura.
—¿Qué crees que haces? ¡Suéltame! —protestó ella, aunque su voz temblaba un poco.






📄 Información del Contenido:
📌 Título: Oni Chichi
✍️ Títulos alternativos: Demon Father, Oni Chichi Joukan, 鬼父
🎓 Estudio: PoRO
📅 Estreno: 30 de octubre de 2009 y 28 de mayo de 2010
🏷️ Categoría: Hentai
🚫 Censura: Sí
💬 Subtítulos: Español
⏳ Duración: 30 minutos por capítulo
💾 Tamaño: 163-199 mbs
📁 Formato: MP4
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
Él no respondió con palabras. Sus dedos subieron por los muslos de la adolescente, levantando lentamente la falda del uniforme escolar. Airi sintió cómo el calor subía a su rostro. Intentó cerrar las piernas, pero él las separó con facilidad, acomodándola de espaldas contra su pecho. Una mano grande se deslizó entre sus piernas, acariciando con lentitud la suave piel interior hasta llegar al centro de su intimidad. Los dedos rozaron los pliegues delicados, aún intactos, y empezaron a moverse en círculos suaves pero insistentes.
Airi jadeó, sorprendida por la sensación desconocida que recorría su cuerpo. “A-Airi no… no quiere esto…” murmuró, pero sus caderas se movieron ligeramente contra la mano que la exploraba. Él continuó, introduciendo un dedo con cuidado, sintiendo cómo la estrechez cálida y húmeda lo envolvía. Poco a poco añadió otro, abriéndola con paciencia mientras su otra mano subía hasta uno de sus senos jóvenes, apretándolo con firmeza por encima de la blusa.
Cuando la sintió lo suficientemente preparada, la levantó ligeramente y la colocó de frente a él, con las rodillas a cada lado de sus caderas. Bajó la cremallera de su pantalón y liberó su miembro erecto, grueso y caliente. Airi lo miró con ojos abiertos, nerviosa. Él la guió hacia abajo, presionando la punta contra su entrada virgen. Con un movimiento lento pero constante, la hizo descender hasta que la llenó por completo.
Airi soltó un gemido ahogado, clavando las uñas en los hombros de él. El dolor inicial dio paso a una sensación abrumadora de plenitud. Él comenzó a mover las caderas hacia arriba, penetrándola con ritmo creciente. Sus manos sujetaban firmemente las caderas de la chica, marcando el compás mientras ella rebotaba sobre él, cada vez más rápido. Los sonidos húmedos de sus cuerpos chocando llenaban la sala. Airi ya no protestaba; solo gemía y jadeaba, su cuerpo traicionándola con placer.
Después de llevarla al clímax varias veces, él se levantó sin salir de ella y la llevó hasta el sofá, colocándola de rodillas sobre los cojines, con el torso apoyado y las caderas elevadas. Desde atrás, la tomó con fuerza renovada, empujando profundo mientras sus manos apretaban sus nalgas. Airi gritaba de placer, completamente sometida.
Cuando terminó dentro de ella con un gruñido profundo, Airi quedó temblando, exhausta y con la mirada perdida.
Al día siguiente, Marina regresó temprano de la escuela. Encontró a su hermana aún en la cama, con una expresión extraña. El hombre la llamó a su habitación. Marina entró confiada, como siempre.
—Papá, ¿necesitas algo? —preguntó con su sonrisa habitual.
Él cerró la puerta y se acercó. Marina no se resistió cuando la besó. Sus labios eran suaves, obedientes. Pronto estaba desnuda sobre la cama, abriendo las piernas para él con timidez. Él la penetró con más calma que a su hermana, disfrutando de su calidez apretada y de los suspiros dulces que ella soltaba con cada embestida. Marina lo abrazaba fuerte, susurrando “papá…” mientras alcanzaba el placer una y otra vez.
Desde ese día, las dos hermanas aprendieron a compartir al hombre de la casa. A veces por separado, a veces juntas, sus cuerpos jóvenes y ansiosos entregándose por completo a sus deseos. La casa nueva ya no era solo un hogar… era el lugar donde las reglas habían cambiado para siempre.




