Oni Chichi: Re-born
En el vagón del tren que serpenteaba hacia las termas, el aire se sentía denso y cargado. Airi, la hija mayor de Kouzou Akizuki, se removía incómoda en su asiento frente a su padrastro. El hombre de mirada tranquila le ofreció un caramelo envuelto en papel brillante.
—Toma, para el mareo —dijo con voz suave.
Ella lo aceptó sin sospechar. El sabor era dulce al principio, pero pronto un calor extraño se extendió desde su lengua hasta su pecho, bajando como fuego líquido por su vientre. Sus mejillas se encendieron. Sus muslos se apretaron uno contra el otro sin que pudiera evitarlo. Un latido insistente nació entre sus piernas, húmedo y exigente.
Kouzou la observaba en silencio, con una sonrisa apenas perceptible.
—¿Te sientes bien, Airi?
Ella quiso responder, pero solo salió un jadeo entrecortado. El calor se volvió insoportable. Sus pezones se endurecieron contra la tela de su blusa, sensibles al roce más leve. La humedad entre sus pliegues crecía, empapando su ropa interior. Intentó cruzar las piernas, pero el movimiento solo intensificó la necesidad.
Este es el orden de la serie completa:






📄 Información del Contenido:
📌 Título: Oni Chichi: Re-born
✍️ Títulos alternativos: Oni Chichi 4, 鬼父 Re-born
🎓 Estudio: PoRO
📅 Estreno: 22 de diciembre de 2011 al 28 de diciembre de 2012
🏷️ Categoría: Hentai
🚫 Censura: Sí
💬 Subtítulos: Español
⏳ Duración: 30 minutos por capítulo
💾 Tamaño: 214-280 mbs
📁 Formato: MP4
📤 Uploader: Bunnygirl
🔐 Contraseña: colitahentai
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—No… no puedo… —murmuró, con la voz temblorosa.
El tren dio una curva y el cuerpo de Airi se inclinó hacia adelante. Kouzou la sujetó por la cintura con firmeza. Su mano grande se deslizó lentamente por su espalda, bajando hasta la curva de sus nalgas. Ella tembló, pero en lugar de apartarse, su cuerpo traicionero se arqueó hacia él.
—Shh… déjame ayudarte —susurró él cerca de su oído.
La llevó al pequeño baño del vagón. Apenas cerró la puerta, Airi se aferró a su camisa, respirando agitada. Sus ojos brillaban con una mezcla de vergüenza y deseo incontrolable. Kouzou la levantó con facilidad, sentándola sobre el lavabo estrecho. Sus labios rozaron los de ella primero con suavidad, luego con hambre. La lengua de él invadió su boca mientras sus dedos hábiles desabrochaban la blusa y liberaban sus senos redondos y firmes.
Airi gimió cuando los pulgares de Kouzou rodearon sus pezones endurecidos, pellizcándolos suavemente al principio, luego con más fuerza. El placer la atravesaba como descargas eléctricas. Él bajó la cabeza y tomó uno en su boca, succionando con avidez mientras su mano libre se colaba bajo la falda. Sus dedos apartaron la tela mojada de su ropa interior y rozaron los labios hinchados de su intimidad.
—Estás empapada —gruñó contra su piel.
Dos dedos gruesos se deslizaron dentro de ella sin resistencia, moviéndose en círculos lentos que exploraban sus paredes internas. Airi echó la cabeza hacia atrás, mordiéndose el labio para no gritar. El sonido húmedo de sus dedos entrando y saliendo llenaba el pequeño espacio. Su pulgar presionaba el punto más sensible en la parte superior, frotándolo con precisión hasta que las piernas de ella empezaron a temblar.
—Por favor… —suplicó sin saber exactamente qué pedía.
Kouzou se desabrochó los pantalones. Su miembro erecto y grueso saltó libre, palpitante y con la punta brillante por la anticipación. La tomó por las caderas y la acercó al borde del lavabo. La punta ancha presionó contra su entrada resbaladiza, abriéndola lentamente mientras él empujaba hacia adelante. Airi sintió cómo la llenaba centímetro a centímetro, estirándola de una forma que la hacía jadear sin control.
Cuando estuvo completamente dentro, Kouzou comenzó a moverse. Primero con embestidas profundas y medidas, luego más rápidas y fuertes. El cuerpo de Airi se balanceaba con cada impacto. Sus senos rebotaban al ritmo de las penetraciones. Él inclinó la cabeza y mordió suavemente uno de sus pezones mientras sus manos apretaban sus nalgas, guiándola para que recibiera cada golpe más profundo.
El placer se acumulaba como una ola gigantesca. Airi clavó las uñas en los hombros de su padrastro, gimiendo sin pudor. Sus paredes internas se contrajeron alrededor de él en espasmos intensos. Kouzou aceleró, golpeando contra ella con fuerza hasta que ambos llegaron al clímax casi al mismo tiempo. Él se hundió hasta el fondo y derramó su semilla caliente en lo más profundo de su interior, mientras ella se estremecía en un orgasmo violento que la dejó sin aliento.
Apenas recuperaron el aire, Kouzou la bajó con cuidado y la hizo girar. Ahora de espaldas a él, con las manos apoyadas en el lavabo, Airi sintió cómo él volvía a entrar en ella desde atrás. Esta vez las embestidas eran más salvajes. Una mano de él se deslizó hacia adelante para frotar ese botón hinchado entre sus pliegues mientras la otra sostenía su cadera. El sonido de la carne chocando llenaba el baño.
Airi perdió la cuenta de las veces que se corrió en ese trayecto. Cada orgasmo la dejaba más sensible, más desesperada por el siguiente. Cuando el tren finalmente se detuvo en la estación de las termas, ella apenas podía caminar. Kouzou la sostuvo contra su cuerpo, susurrándole al oído promesas de noches enteras en la habitación del ryokan, donde nadie los interrumpiría hasta que llegara Marina.
En la intimidad de la habitación con tatami y futones amplios, la noche apenas comenzaba. Kouzou la tomó de nuevo sobre el colchón, explorando cada rincón de su cuerpo con boca y manos expertas. Airi, aún bajo los efectos del afrodisíaco y de su propia rendición, se entregó por completo, gimiendo su nombre mientras él la penetraba una y otra vez en distintas posiciones: primero sentada sobre él, cabalgándolo con movimientos frenéticos de sus caderas; luego de lado, con una pierna levantada para permitirle entrar más profundo.
El sudor los cubría a ambos. Los gemidos de Airi se mezclaban con los gruñidos graves de Kouzou. Cuando él la puso de rodillas sobre el futón y la tomó desde atrás con fuerza renovada, ella enterró la cara en la almohada para ahogar sus gritos de placer. Sus cuerpos chocaban con un ritmo constante y húmedo. Él alcanzó su segundo orgasmo derramándose dentro de ella mientras Airi se convulsionaba en otro clímax intenso.
Solo cuando el amanecer empezaba a filtrarse por las ventanas shoji, se detuvieron exhaustos, entrelazados sobre las sábanas revueltas. Airi, con la respiración aún agitada, supo que los días siguientes serían una rendición total a los deseos que su padrastro había despertado en ella.




